Por: Paola Salazar
Estudiante de Ciencias Políticas de la UdeA
Las asambleas de estudiantes de la universidad han sido por años el espacio donde se toman las decisiones colectivas que vinculan de forma directa a los estudiantes de nuestra universidad, e indirectamente a profesores, directivos y trabajadores. Aparte del reproche que desde la teoría de la democracia se le pudiera hacer a estos espacios así definidos, en el sentido de que la asociación de los estudiantes en esas asambleas es tácita, e incluso, impuesta por la costumbre, podría plantearse otro cuestionamiento de fondo relacionado con el estatus de las minorías en dichos escenarios.
Estudiante de Ciencias Políticas de la UdeA
Las asambleas de estudiantes de la universidad han sido por años el espacio donde se toman las decisiones colectivas que vinculan de forma directa a los estudiantes de nuestra universidad, e indirectamente a profesores, directivos y trabajadores. Aparte del reproche que desde la teoría de la democracia se le pudiera hacer a estos espacios así definidos, en el sentido de que la asociación de los estudiantes en esas asambleas es tácita, e incluso, impuesta por la costumbre, podría plantearse otro cuestionamiento de fondo relacionado con el estatus de las minorías en dichos escenarios.
Es “procedimiento” forjado a punta del uso y la reiteración, que en las asambleas haya un espacio de tiempo para las ideas, los argumentos y las propuestas, y un espacio de tiempo diferente para las votaciones. También es común que en diferentes lugares del auditorio en las asambleas generales, se sitúen diferentes grupos, colectivos y organizaciones que a la hora del debate no ceden ni un ápice en su inicial lectura y estrategia de la coyuntura que convoque. Esto, a modo de apreciación general, advierte que el espacio de la asamblea es un espacio de lucha político-ideológica, constante y candente, sobre todo si nos referimos a los últimos meses, donde ha existido un germen de debate en la medida en que variadas voces han manifestado desacuerdo, y han roto, según algunos, la bien amada unidad del pretendido movimiento estudiantil. Pero sobre todo esto sugiere que el consenso no es teleología de los espacios asamblearios; el debate en las asambleas generales de la universidad de Antioquia es en gran medida un diálogo de sordos.
Si seguimos las líneas anteriores, aceptando una primera afirmación que dice que las asambleas no han sido diseñadas para lograr o esforzarse en obtener consensos, y sí para lograr decisiones cuantificables, es necesario afirmar que en todas las decisiones de las Asambleas de Estudiantes hay ganadores y hay perdedores. En consecuencia puede decirse que los perdedores, al menos numéricamente, en ese preciso instante de la votación y en ese espacio de reunión, son minorías. Es preciso aclarar esto último ya que los espacios deliberatorios y decisorios no son absolutos ni omnicomprensivos de toda la población estudiantil, y que en suma, las democracias modernas han de entenderse en términos de participación de muchos y de pocos.
Pero ¿Cuál es el lugar que le corresponde a esas minorías en la dinámica de las decisiones colectivas obligatorias que se toman por medio de votaciones?, y en concreto, ¿cuál es el lugar de las minorías estudiantiles a propósito de las decisiones mayoritarias de paro indefinido tomadas por la asamblea general de estudiantes? Antes de dar una respuesta tentativa a esta pregunta quisiera aclarar que las votaciones con respecto a la decisión de apoyar o no un paro en la universidad, han sido controvertidas por diversas razones, entre ellas porque no se han establecido mecanismos que garanticen el conteo acertado de todos los votos, lo cual hace que de entrada la decisión mayoritaria sea cuestionada en su legitimidad, dadas las reñidas votaciones que se han presentado, y donde al final se impone la opción del paro por un pequeño margen de votos.
Finalmente, hay que aclarar que dadas las votaciones tan cerradas, es problemático asignarle a la opción perdedora el calificativo de minoría, pues es numerosa su conformación, casi igual a la de la opción que se impone. Sin embargo asumiré que se constituye en minoría en el sentido de que sus preferencias se descartan por medio de la votación, lo cual hace que su posición sea desventajosa con respecto a la opción mayoritaria. Este criterio me parece suficiente para hablar de minoría.
Ahora responderé a la pregunta que formulé más arriba: ¿cuál es el lugar de las minorías estudiantiles a propósito de las decisiones mayoritarias de paro indefinido tomadas por la asamblea general de estudiantes?
Después de una votación en que resulta triunfadora una de las tesis o propuestas en cuestión, es costumbre de los estudiantes asambleístas continuar con la reunión enfocándola única y exclusivamente hacia el desarrollo de la propuesta triunfadora, o en el voto de otras propuestas que se hayan puesto en la agenda. En muchos casos quienes ven sus preferencias fuera de la agenda, se retiran del auditorio y pierden todo interés por lo que allí se siga decidiendo. En otras ocasiones, quienes han triunfado se retiran también, pues ya lograron su objetivo principal. Mientras tanto el grupo de estudiantes que se mantiene en el auditorio olvida por completo los argumentos y los motivos de la decisión que se descarta por votación, creando así un ambiente de polaridad y enemistad que se ve complementado con el vacío de legitimidad por el que atraviesan esos espacios deliberativos.
El lugar de las minorías vencidas en la arena político electoral de las asambleas es ninguno, no existe. Las preferencias del grupo de estudiantes en disidencia con las mayorías dejan de ser consideradas en su valor político, para, en muchas ocasiones, ser consideradas como un problema y un obstáculo para la unidad de la denominada masa estudiantil. Esta última apreciación tiene sustento en los últimos acontecimientos donde se ha mantenido la decisión de paro indefinido a pesar de que hay un gran número de estudiantes que no se muestran de acuerdo con ella. El estigma del desinterés por la defensa de la universidad, el del egoísmo proveniente del deseo de graduarse pronto y obtener un diploma para engrosar las filas del sector productivo imperante, son algunos de ellos. También se ha dicho que las minorías pueden manifestar su inconformidad o su diferencia de criterio sin pretender tener la razón, lo cual muestra que el pluralismo del que se abandera la asamblea es un pluralismo que favorece las decisiones mayoritarias y desestimula el debate público, serio e informado que permita la toma de decisiones en la deliberación y no en la votación como mecanismo primordial.
La concepción de la democracia de las asambleas en la universidad de Antioquia está relacionada con la suma de las preferencias y no con la deliberación y la decisión por consenso, lo cual, per se, crea un ambiente de disputa y escisión en la agenda de los objetivos políticos y de las decisiones colectivas vinculantes. Esa concepción de la democracia que privilegia a las mayorías por encima de las minorías, y que parece incapaz de decidir al calor del debate en busca del desarrollo y la transformación de las propuestas, nos aleja del principio de unidad, en el sentido de que hace imposible la búsqueda de programas políticos comunes y es nugatoria de la participación directa de los estudiantes en las decisiones que influyen en el curso general de sus vidas, esto es del contexto universitario.
No obstante existen alternativas que pueden contribuir en la radicalización de la democracia en la universidad por medio de la potenciación del debate público y la ampliación de la participación estudiantil en los espacios de la política; las asambleas de facultad proporcionan un espacio deliberativo más abierto y de más fácil alcance para los estudiantes, que, compartiendo problemáticas “locales” propias de las unidades académicas, pueden abrir el panorama del encuentro discursivo y la acción conjunta.
Es una contradicción que vale la pena tomar en cuenta, como lo que suponemos es la posición mayoritaria en la Universidad de Antioquia (la no violencia) se manifiesta como minoría en la Asamblea.
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